Julia Hernández Luján l Directora General l Vivencia y Talento Consultores O lo que es lo mismo, aumenta tus competencias para gestionar de forma consciente tus emocione,  mejorando tu rendimiento y tu calidad de vida laboral y personal. Sabemos que nueve de cada diez personas sufrirán a lo largo de su vida laboral al menos una crisis de ansiedad, muchas derivarán en un estado pasajero de debilidad y también serán muchos los que requieran de una atención mucho más profunda y tratamiento profesional. El cuerpo avisa, en ocasiones grita aquello que la cabeza parece querer ignorar. Es bueno atender a las señales de alarma, identificarlas y establecer pautas de control a corto, medio y largo plazo. ¿Conoces a alguien que manifieste estos pensamientos?, ¿Te identificas con alguno?

  • “No consigo concentrarme en mi trabajo, no llego, no sé qué pasa, me paso el día trabajando y no termino nada”
  • “No puedo hacer más de lo que hago, vivo en un circo de tres pistas con la sensación de tenerlo todo a medias”
  • “No disfruto de mi trabajo, todo se me hace un mundo, me amargo el fin de semana pensando en el lunes”
  •  “Salgo de los nervios, no tengo vida personal, así no puedo seguir pero no sé qué hacer”.
  • “Quiero dejarlo todo, no puedo ni pensar casi me mato con el coche y no sé ni lo que hago”
El dolor de estómago, la falta de concentración, las palpitaciones, la rigidez en la espalda, leer algo sin enterarse o hablar por teléfono de forma automática son señales de que algo no va bien. Desde un estado emocional negativo, nuestro rendimiento es pobre, al igual que desde un estado emocional positivo, el rendimiento es altamente satisfactorio. Desde la psicología cognitivo-conductual sabemos que somos los creadores de nuestro estado de ánimo y si aprendemos podemos crear espacios emocionales positivos. Nuestra calidad de vida depende en gran parte de la calidad de vida que tengamos en el trabajo, ya que invertimos en él mucho tiempo, esfuerzo y dedicación. No atender a las señales, dejarse llevar por estados negativos, aceptarlos como normales o inevitables nos conduce a un círculo vicioso que desemboca en:
  • Pérdida de ilusión, motivación y rendimiento.
  • Pérdida de control y ausencia de disposición al desarrollo (Ejemplo: “He hecho un curso de gestión del tiempo pero el día a día me come, esto solo sirve en teoría”)
  • Deterioro de relaciones, familiares, con compañeros y clientes (Ejemplo: “He hablado con mi pareja por teléfono y no sé ni de qué”, “Los de operaciones siempre quejándose…”)
  • Evidente pérdida de salud abuso de café, tabaco, bebidas alcohólicas,..
“Tu estado de ánimo depende de cómo expliques lo que vives” No es lo mismo decir “Los de operaciones siempre quejándose” que “tengo más de tres incidencias relacionadas con el nuevo proceso, voy a revisarlo” “Una explicación que te permita tener el control garantiza una emoción positiva y tu calidad de vida es la calidad de tus emociones” Somos el origen de nuestras emociones y por eso podemos tener el control de cómo nos sentimos. Nosotros decidimos cómo sentirnos ante las situaciones, a veces nos sale de forma instintiva, pero si no es así, hay que identificar qué hemos hecho, seguir el proceso y controlarlo. Y si en último término no encontramos salida, mejor que no hacer nada, es pedir ayuda. Mente, emoción y cuerpo están conectados, atiende a todos, revisa tus creencias, predisponte para la acción y no desatiendas a tu cuerpo. Pautas para recuperar el control:
  1. Atiende a tu estado emocional.
  2. Si tu estado emocional no hace sentir bien, para y piensa. Físicamente es importante adoptar una posición recta, cabeza alta y mirada en la línea superior del horizonte, así activamos el pensamiento racional y es más difícil que afloren creencias negativas y/o pensamientos irracionales.
  3. Desde esta posición física de control, analiza tu estado emocional y busca la intención positiva que te intenta comunicar.
  4. Elige qué estado sería más apropiado para esta situación.
  5. Ancla este estado de forma que lo automatices, es decir, que puedas sentirte así de forma inmediata
Un ejemplo rápido:
  • “Me siento fatal, no sé si he cometido un error, no sé cómo arreglarlo, no sé si decir algo o esperar a que todo estalle….”
  • “ He trabajado mucho en esto, conozco el proceso desde el inicio, tengo la intuición de que algo puede fallar, es bueno para mí, para mi equipo y para mi organización que haya saltado la duda.”
  • “Si lo pongo de manifiesto de forma preventiva, si pido ayuda y reviso de nuevo las pruebas reduciré la incertidumbre y podremos atajar posibles dificultades antes incluso de que tengan consecuencias”.
  • “El error es posible en mi trabajo, de esto aprenderemos todos, esto me hace más profesional y además va a incrementar la confianza que todos tienen sobre mí. Soy consciente de mis emociones que me avisan y me permiten actuar en consecuencia.”
  • Incluso en la adversidad más absoluta, podemos crear espacios positivos, somos dueños de nuestras emociones, podemos aprender a mejorar nuestra calidad de vida y lo mejor, enseñar a otros.
TRES ACCIONES PARA MEJORAR TU VIDA FAMILIAR Todos solemos hablar por teléfono con nuestra pareja a lo largo del día.
  1. Planifica esta conversación como si hablaras con tu mejor cliente, piensa qué quieres decir, si llegaste bien, si tienes mucho lío, si vas a salir más tarde,… Habla poco, pregunta por el estado de la otra persona y despídete con un buen deseo, de forma alegre y agradable. (Evita conversaciones automáticas y vacías de contenido)
  2. Habla con tu familia de tus proyectos, de tus éxitos, de lo que más te ha gustado del día. Esfuérzate por que los tuyos sientan el orgullo de compartir la vida con una persona luchadora, trabajadora que contribuye con su trabajo a lo que sea que hagas. (Evita comentarios negativos sobre el trabajo y las frases hechas que denigran el esfuerzo)
  3. Busca espacios y momentos para interesarte mucho por lo que hacen las personas con las que compartes tu vida, escucha y escucha mucho, sin aleccionar, sin intentar dar consejos a la mínima. Y si crees que tu experiencia puede ser de ayuda, comparte como te sentiste en situaciones parecidas, qué hiciste cuando acertaste y qué cuando cometiste un error. Aunque nadie escarmienta por cabeza ajena, compartir las experiencias nos enriquece a todos.   
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