Mobbing Laboral

Mobbing Laboral

Compartir en Whatsapp El mobbing o acoso laboral es una situación de ‘castigo injustificado’, en la que una persona sufre el desprecio o la humillación por parte de sus compañeros o jefes, que buscan minar su moral, ridiculizándolo y minusvalorando sus cualidades y capacidades. Se trata de un acoso directo o indirecto y continuado en el tiempo, que puede ser verbal o físico, aunque suelen utilizarse tácticas muy sutiles por no dejar excesivas huellas externas, ni contar con testigos de este comportamiento.

La persona o grupo de personas que lo sufren están sometidas por  parte de grupos sociales externos: de sus compañeros («acoso horizontal», entre iguales), de sus subalternos (en sentido vertical ascendente) o de sus superiores (en sentido vertical descendente), a una serie de actos negativos y hostiles dentro o fuera del trabajo con los que se pretende es el abandono del trabajo por parte de la víctima (o víctimas), la cual es considerada por sus agresores como una molestia o amenaza para sus intereses personales.

Dicha violencia, fundamentalmente psicológica, se produce de forma sistemática y recurrente durante un tiempo prolongado, y a la misma se pueden añadir hasta agresiones físicas, en los casos más graves.

El acoso laboral podría ser confundido con otras manifestaciones patológicas del ámbito laboral como sería el ‘síndrome del trabajador quemado’ o burnout, o el estrés laboral y tiene paralelismos en sus manifestaciones con el acoso escolar, al que se asemeja en gran medida.

En una reciente sentencia del Juzgado de lo Social de Santander se establece un «concepto uniforme de mobbing». Este juzgado entiende por tal “aquella presión laboral tendente a la autoeliminación de un trabajador mediante su denigración”.

Estrategias habituales:

  • Gritar, avasallar o insultar a la víctima cuando está sola o en presencia de otras personas.
  • Asignarle objetivos o proyectos con plazos que se saben inalcanzables o imposibles de cumplir, y tareas que son manifiestamente inacabables en ese tiempo.
  • Sobrecargar selectivamente a la víctima con mucho trabajo.
  • Amenazar de manera continuada a la víctima o coaccionarla.
  • Quitarle áreas de responsabilidad clave, ofreciéndole a cambio tareas rutinarias, sin interés o incluso ningún trabajo que realizar («hasta que se aburra y se vaya»).
  • Ignorarle («hacerle el vacío») o excluirlo, hablando sólo a una tercera persona presente, simulando su no existencia o su no presencia física en la oficina, o en las reuniones a las que asiste
  • Retener información crucial para su trabajo o manipularla para inducirle a error en su desempeño laboral, y acusarle después de negligencia o faltas profesionales.
  • Difamar a la víctima, extendiendo por la empresa u organización rumores maliciosos o calumniosos que menoscaban su reputación, su imagen o su profesionalidad.
  • Criticar continuamente su trabajo, sus ideas, sus propuestas, sus soluciones, etc.; o simplemente no tomarlas en cuenta bajo cualquier pretexto.
  • Ridiculizar su trabajo, sus ideas o los resultados obtenidos ante los demás trabajadores, caricaturizándolo o parodiándolo.
  • Invadir la privacidad del acosado interviniendo su correo, su teléfono, revisando sus documentos, armarios, cajones, etc.

Perfil habitual de la víctima

  • Personas que tienen mayor probabilidad de ser envidiadas por sus características personales, sociales o familiares (por su éxito social, su buena fama, inteligencia, apariencia física).
  • Suele afectar a trabajadores perfectamente válidos y capaces, bien valorados y creativos. Muy frecuentemente se trata de adultos reconocidos por sus cualidades, de forma que suelen estar, paradójicamente, entre los mejores de la organización.
  • Otro perfil es el de aquellos que presentan un exceso de ingenuidad y buena fe y que no saben hacer frente desde el principio a aquellos que pretenden manipularlos o perjudicarlos.
  • La víctima puede serlo también debido a su juventud, orientación sexual, ideología política, religión, procedencia geográfica, etc.
  • Es muy frecuente que se seleccione a las víctimas entre personas que presenten un factor de mayor vulnerabilidad personal, familiar o social (inmigrantes, discapacitados, víctimas de violencia doméstica, mujeres u hombres atractivos…). En estos casos la posibilidad de hacer frente a los acosadores disminuye, viéndose facilitada la impunidad de éstos.

Perfil del acosador

El fin último del acosador es el «asesinato psicológico» de la víctima, y el motivo principal encubrir la propia mediocridad, todo ello debido al miedo y la inseguridad que experimentan los acosadores hacia sus propias carreras profesionales. De este modo se puede desviar la atención o desvirtuar las situaciones de riesgo para ellos. La mera presencia de la víctima en el lugar de trabajo desencadena, debido a sus características diferenciales, una serie de reacciones inconscientes, causadas por los problemas psicológicos previos que presentan los hostigadores. En otras ocasiones, el temor procede de la amenaza que supone para éstos el conocimiento por parte de la víctima de situaciones irregulares, ilegales o de fraudes.

Consecuencias psicológicas y laborales para la víctima:

  • Lento deterioro de la confianza en sí misma y en sus capacidades profesionales.
  • Proceso de desvaloración personal.
  • Creencia de haber cometido verdaderamente errores, fallos o incumplimientos.
  • Somatización del conflicto: enfermedades físicas como dolor de cabeza constante, Insomnio, ansiedad, estrés, angustia, irritabilidad, hipervigilancia, fatiga, cambios de personalidad, depresión.
  • Inseguridad emocional, torpeza, indecisión, conflictos con otras personas e incluso familiares.
  • Mella en la autoestima.
  • Trastorno por estrés agudo.
  • Bajas laborales que el acosador suele aprovechar contra el trabajador, acusándolo de bajo rendimiento.
  • Estigmatización social en los sectores de actividad laboral.

El mobbing puede llegar a desembocar en enfermedad profesional, es decir, derivada del trabajo, aunque tanto autoridades como empresas se muestran muy reacias a admitir esta circunstancia como tal.

El desenlace habitual de la situación de acoso laboral suele significar la salida de la víctima de la organización de manera voluntaria o forzosa. Otras consecuencias pueden ser el traslado, o incluso el pase a situación de incapacidad permanente. La recuperación definitiva de la víctima suele durar años y, en casos extremos, no se recupera nunca la capacidad de trabajo.

Mobbing Laboral

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2014-11-13T00:17:22+00:0013/11/2014|Sin categoría|
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